José Zorrilla escribió
“Don Juan Tenorio” en 1844.
Es una visión romántica de las obras “de capa
y espada”, observando el siglo XVI desde una perspectiva mítica,
dejándose llevar por una viva imaginación, falta de
verosimilitud, así lo reconocía el propio autor. Como
buen escritor romántico prima lo inverosímil de los
sentimientos desbordados, sobre el frío rigor academicista.
Eso le hizo llegar al público desde el primer momento, cosechando
un éxito rotundo. No hay un instante de sosiego en la obra,
que deje frío al espectador, sino que éste es provocado
constantemente por las bravuconadas y hechos de Don Juan.
Si sugerente es la obra en sí, lo infinitamente más
representada en ambientes que ya existían en el tiempo en
que se desarrolla la trama; espacios que por sí solos transmiten
intensas emociones estéticas, que llevan nuestra imaginación
a épocas y hechos que mucho tienen que ver con el Tenorio.
La atmósfera de siglo XVI en Guadalajara es la atmósfera
de los Mendoza, que erigieron la mayoría de los edificios,
que alojan las escenas en que vamos a ver a Don Juan. Realmente
la combinación de la obra de Zorrilla y la arquitectura mendocina
es algo de extraordinaria belleza, un lujo al alcance de la mano. 
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